palabras para decirle a alguien que lo extrañas



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autor No Puedo No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas: he de salir al camino donde el mundo gira y clama, he de salir al camino a ver la muerte que pasa. He de salir a mirar cómo crece y se derrama sobre el planeta encogido la desatinada raza que quiebra su fuente y luego llora la ausencia del agua. He de salir a esperar el turbión de las palabras que sobre la tierra cruza y en flor los cantos arrasa, he de salir a escuchar el fuego entre nieve y zarza. No puedo cerrar las puertas ni clausurar las ventanas, el laúd en las rodillas y de esfinges rodeada, puliendo azules respuestas a sus preguntas en llamas. Mucha sangre está corriendo de las heridas cerradas, mucha sangre está corriendo por el ayer y el mañana, y un gran ruido de torrente viene a golpear en el alba. Salgo al camino y escucho, salgo a ver la luz turbada; un cruel resuello de ahogado sobre las bocas estalla, y contra el cielo impasible se pierde en nubes de escarcha. Ni en el fondo de la noche se detiene la ola amarga, llena de niños que suben con la sonrisa cortada, ni en el fondo de la noche queda una paloma en calma. No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas. A mi diestra mano el sueño mueve una iracunda espada y echa rodando a mis pies una rosa mutilada. Tengo los brazos caídos convicta de sombra y nada; un olvidado perfume muerde mis manos extrañas, pero no puedo cerrar las puertas y las ventanas, y he de salir al camino a ver la muerte que pasa. (Sara de Ibáñez)

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autor Llénate de Mi

Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora,
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.

Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios que no tienen palabras,
tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.

Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.

Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.

Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
debe ser de metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,
no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.
V No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, lloraría, gemiría.

No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué, palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidéz no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos. Rompamos este camino juntos.
Ser, la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrificarme.
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.

Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
inundando las tierras como un río terrible,
desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos,
destrozando,
quemando,
arrasando
como una lava loca lo que existe,
correr fuera de mi mismo, perdidamente,
libre de mí, Curiosamente libre.
¡Irme, Dios mío, irme!
(Poema De Pablo Neruda)

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ansíame
agótame llénate viérteme mi

llénate

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